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Hermana Mary Eileen Scott, profesora notable

Por Patricia Simpson, CND

Una infancia feliz

Si fuera cierto que nuestra concepción de Dios está profundamente influenciada por las previas relaciones con nuestros padres, el asombro y el gozo de saber que el deleite de Dios en ella verdaderamente tuvo su origen en el orgullo y la dicha que tuvieron los padres de Eileen en su propia hija.

Eileen nació el 27 de enero de 1908 en Montreal, en lo que ella describe como «una luz tenue en un tempestuoso día de invierno», sus padres fueron Michael Scott y Sarah Foley. La niña fue bautizada el 2 de febrero en la Iglesia Saint Anthony, en una fecha que luego describe como «profética», Fiesta de la Purificación de Nuestra Señora. Ambos padres emigraron de Terranova (Newfoundland), sus ancestros llegaron de Irlanda a Terranova a comienzos del siglo XIX. Eileen estaba muy orgullosa de su descendencia irlandesa y manifestó un gran interés en la cultura céltica, pero el lugar que amó más que cualquier otro fue su ciudad natal, Montreal.

En su familia, experimentó el amor, la admiración y la estima con la que sus padres colmaron a su única hija (el único otro bebé, un hermano, fue mortinato cuando Eileen tenía dos años). Con solamente un primo, también fue objeto de la devoción de varias tías. La hermana Helen Brophy, quien conoció a Eileen antes de que cumpliera diecisiete años y quien fue su amiga de toda la vida nos dice: «Si no la consintieron más allá de la salvación fue debido al sentido común de ambos padres. Ellos amaban profundamente a su hija. Siempre la trataron como una persona con derechos propios, ella siempre estuvo clara de los límites que tenían dichos derechos». La autobiografía de Eileen, escrita al final de su noviciado, dice no tener recuerdos profundos de su infancia «salvo el recuerdo de tener una inmerecida reputación de timidez, la cual fue refutada por mis características posteriores».

Una vez contó la historia de su participación en una fiesta de disfraces, vestida de tomate. La selección de disfraces no era tradicional en ese tiempo, pero su madre y sus tías utilizaron su ingenio y el feliz tomate asistió a una fiesta que jamás olvidó. Una de sus tías fabricaba sombreros, otra trabajaba en el establecimiento de un modista. Eileen siempre tuvo un profundo respeto por aquellas personas que practicaban las artes útiles.

En años posteriores, observó que Marguerite Bourgeoys describió la textura misma del vestido utilizado por nuestra Señora en la visión que tuvo en la madrugada, la que confirmó la vocación de Marguerite en Montreal, Eileen atribuyó esto, en parte, a la participación de la familia de Guillemette Garnier en el negocio textil, probablemente recordando su propio interés en la profesión de sus tías. Con relación a los padres de Eileen, la hermana Helen Brophy nos dice: «Ambos padres eran inteligentes, listos y sagaces, por lo que su hija tenía que reaccionar hacia ellos con discernimiento y habilidad, y reírse de ella misma cuando la seducían o atraían las torpezas».

Primeros contactos con la Congrégation de Notre-Dame

Eileen tuvo su primer contacto con las hermanas de la Congregación en la Saint Anthony Academy, donde cursó los primeros cuatro años de su educación. Luego asistió a la «Application School» de la Escuela Normal (ahora el Generalato y Notre Dame Secretarial College), donde terminó el octavo grado. Finalizó sus estudios secundarios en las nuevas aulas inauguradas en la Casa Madre, donde, en 1924, se graduó y comenzó sus cursos de Educación Superior en Notre Dame Ladies College. Su último año de educación superior lo realizó completamente en el Marguerite Bourgeoys College, donde obtuvo al grado de Bachiller en Arte, cum laude y ganó la Medalla Lieutenant Governor en 1927. En junio de ese mismo año también obtuvo, con los honores más altos, su Diploma de Enseñanza de Quebec. La carrera académica de Eileen refleja hasta este momento la creciente participación de la Congregación en la educación superior de la mujer en Quebec a principios del siglo XX.

El anuario editado por Eileen el año de su graduación muestra cuán extraordinariamente consistente fue siempre en relación a su carácter y sus intereses. La primera composición en el libro, escrito por el editor mismo; «El Romance de Yore: 1620-1700» es, por supuesto, un relato de la vida de Marguerite Bourgeoys. En los años venideros, Eileen misma revela la inexactitud de algunos de los hechos citados aquí, pero su visión de la mujer que tanto admiraba solamente se profundizó con los años.

Desde el comienzo, Eileen vio más allá de lo «fuerte y gentil y alegre». Las composiciones sobre Keats y de la música revelan el amor a la belleza, lo que caracterizó a Eileen toda su vida. Por otro lado, la profecía usual hecha en el anuario no sólo muestra la consistencia del carácter de Eileen, también muestra la increíble percepción de su amiga y co-editora, Helen Brophy, quien escribió en parte: «Resplandeciendo en el ocaso, los espíritus carecen en el amanecer, pero a mediodía reavivan su poder… Aficionada al dulce de chocolate y a la música, seleccionó la literatura…»

La profecía para el futuro: triunfos, honores, viajes alrededor del mundo, grados académicos, hasta que «se cultivó hasta el extremo de la palabra», luego, predijo su amiga, «un gran cambio surgió en ella, esta niña consentida a quien todo el mundo deseaba complacer sus caprichos, expresó un himno dentro de su alma».

El anuario también nos ofrece una fascinante imagen de un mundo, en ese momento surgiendo y ahora casi desaparecido, de los colegios para mujeres. Estas eran mujeres de renacimiento en creación: el currículo no solamente incluía las materias comunes de artes y ciencias (los alumnos estudiaban una variedad completa de ambos) también incluía otras diferentes como griego, música y esgrima. El esfuerzo de las profesoras C.N.D. era complementado con el de distinguidos profesores laicos – el instructor de música, por ejemplo, provenía de la Opéra de Paris.

Conferencistas visitantes incluían a celebridades como Etienne Gilson. El colegio también fue visitado por algunos obispos de varios países de habla inglesa y francesa, uno de ellos proveniente de Australia. Todos deseaban observar el instituto Católico de alta educación para mujeres. En sus discursos, todos recalcaban en estas jóvenes mujeres la inmensa responsabilidad que tenían en la Iglesia y en la sociedad, para la cual las preparaba esta educación.

También se divertían bastante, en una oportunidad organizaron un improvisado desfile de disfraces en un inesperado medio feriado, en otra cuando descubrieron que su profesor de inglés estaba celebrando su jubileo de plata prepararon rápidamente una producción de Hamlet (en el papel de Polonius, Eileen dio consejos relacionados con el comportamiento que «sobrepasó en idioma y filosofía cualquier logro alcanzado por el inmortal Shakespeare»). De manera bastante clara, estas jóvenes mujeres se percibían a ellas mismas como pioneras – una de ellas comparó explícitamente al grupo con las primeras mujeres colonas de Montreal.

Amaban a sus maestras C.N.D.: hasta su muerte Eileen siempre llevaba consigo, en su libro de oraciones, la tarjeta conmemorativa de la hermana Santa Madeline de Sion, quien murió a una edad joven, poco después del ingreso de Eileen. También mostraban un gran aprecio hacia la enseñanza. «Junto a la creación de un alma», una de ellas menciona a Plato diciendo, «lo más divino en esta vida es educarle un derecho».

El hecho de que estas no eran palabras vacías está demostrado no solamente por estos nombres en el anuario como Helen Brophy, Charlotte Cadoret, Estelle Perrier y Eileen Scott, todas quienes contribuyeron mucho al apostolado de la educación en la Congregación, sino también por las profesoras laicas como Beatrice Curotte, quien pasó sus años enseñando en la St. Paul Academy.

Una candidata no conformista

Las declaraciones hechas por una ex-alumna de Eileen, que ahora trabaja en Vancouver, muestran no solamente que ella continuó transmitiendo el espíritu de sus propios años colegiales, sino que también, de alguna manera, todavía se conserva y se pasa como legado:

La hermana Scott se refería al convento como uno de los pocos lugares donde una mujer podía vivir su vida como una escolar. Contamos con los aspectos más positivos de nuestra educación . . . haber formado parte de una comunidad de mujeres durante nuestros años de formación. Aprecié vagamente cuán importante fue el tener la oportunidad de desarrollar habilidades, de tomar riesgos, dentro del círculo de seguridad física y emocional que se ofrecía en el colegio de mujeres. Es un ambiente que he tenido que luchar por recrear tres horas a la semana en el oasis de Women´s Studies (Estudios de la Mujer) en la comunidad donde enseñé.

Aunque ella había comenzado a darle pensamiento a la vida religiosa durante su último año de estudios, después de su graduación, Eileen continuó sus estudios en la Universidad McGill, donde luego obtuvo su Maestría en Arte con especialización en inglés y con una subespecialización en literatura francesa, escribió su tesis relacionada con novelas de costumbres escritas por mujeres. El año siguiente pasó un semestre enseñando inglés en el Marguerite Bourgeoys College y el resto del año como secretaria ejecutiva del D’Arcy McGee Memorial Campaign. Ingresó a la Congregación en agosto de 1929.

Para alguien tan impresionantemente original como Eileen, el noviciado tuvo que haber sido un tiempo difícil. Dos factores aseguraron su perseverancia. Uno fue su profunda fe, esa fe directa y simple, obvia todavía en sus últimos años de sufrimiento, y que es tan conmovedora cuando la encontramos en mentes de inteligencia y aprendizaje profundos. El otro fue la Madre Maestra. Eileen hablaba, hasta más no poder, de la Madre Saint Valerian, Maestra de las Novicias y luego Superiora General de la Congregación, con un profundo afecto y admiración. Esta mujer en sí poseía una generosidad de mente y espíritu que le permitía ver y apreciar los dones de mente y espíritu que Eileen aportaba a la Congregación, en donde una persona con menos percepción pudo haber rechazado a una aspirante tan poco convencional. Eileen hizo su primera profesión en agosto de 1931 y comenzó su trabajo como hermana de la Congregación en su amado Marguerite Bourgeoys College.

La vida de maestra de Eileen la llevó a las tres provincias de habla inglesa de la comunidad. Trabajó en Montreal en el Marguerite Bourgeoys College, en el Pedagogical Institute y en el D’Arcy McGee High School desde 1931 hasta 1943. Las materias que enseñaba no solamente incluían Inglés, Latín e Historia de Canadá, sino que también Oratoria y Debate. Esta primera fase de su carrera terminó en 1943 cuando se trasladó a Nueva York a estudiar su doctorado en la Fordham University. La muerte de su adorada madre en el mes de diciembre anterior, después de una larga enfermedad, la cual fue un presagio de la misma que Eileen padecería, permitió que esta hija única pudiera dejar Montreal con mayor tranquilidad, de lo contrario no hubiera sido posible. Eileen permaneció durante cuatro años en la Provincia Blessed Sacrament no solamente para terminar su Doctorado en Inglés, sino también para enseñar en el Notre Dame College de Staten Island y en el Saint Jean’s High School en Nueva York.

Regresó a la Provincia Holy Angels en septiembre de 1947, en donde, durante los próximos cinco años, enseñó en el Notre Dame College de Ottawa.

Al descubrimiento de Marguerite Bourgeoys

En este tiempo la investigación y los escritos de Marguerite Bourgeoys la absorbieron más y más. En 1950, el año de la Beatificación, colaboró con la hermana Charlotte Cadoret en la producción de la obra The Constant Heart (El Corazón Constante), así como en la Cantata in Honour of Blessed Marguerite Bourgeoys (Cantata en Honor a la Bendita Marguerite Bourgeoys). En septiembre de 1952, Eileen se trasladó a la Provincia Saint Joseph donde pasó los siguientes tres años enseñando en Mount Saint Bernard. Regresó a Montreal en 1950, residiendo en D’Arcy McGee.

Los años siguientes le dio más tiempo a la investigación de la vida y tiempo de Marguerite Bourgeoys. La confirmación y el apoyo de Eileen en este trabajo invaluable provino de la mujer que dirigió la Congregación con fortaleza y sabiduría desde 1952 hasta 1964, la Madre Saint Marie-Consolatrice. Nuevamente fiel, Eileen mantuvo junto a ella una fotografía de esta vieja amiga hasta su propia muerte. La gran cantidad de archivos recopilados por Eileen son testigos silenciosos de las largas horas pasadas en los archivos, desde la minuciosa interpretación de los documentos escritos a mano en el siglo XVII hasta la difícil misión de autenticidad. El fruto mismo de este trabajo tiene un valor inestimable para la Congregación y para el estudio de Marguerite Bourgeoys. La investigación sólo en Canadá no era suficiente, por lo que en 1959 Eileen contactó al Señor Alfred Morin, archivista y bibliotecario adjunto de la Biblioteca Municipal de Troyes.

La correspondencia entre ellos, la cual continuó hasta poco antes de la muerte de Eileen, es una lectura fascinante. Ambos estaban inmensamente interesados en la investigación que compartían, ambos se entusiasmaban con las preguntas que hacía ella y a las cuales él algunas veces encontraba las respuestas, ambos se emocionaban cuando descubrían nuevos hechos. Además, las cartas revelan el desarrollo de lo que se convirtió en una cálida amistad, en ambos lados, una amistad que se fortaleció cuando Eileen visitó personalmente Troyes durante su viaje a Europa, el cual también le permitió visitar Grecia, cuyo drama clásico disfrutó mucho enseñar y por supuesto, Irlanda, su tierra ancestral.

Durante las siguientes dos décadas, Eileen no solamente se dedicó a construir el cuerpo de la investigación de Marguerite Bourgeoys, sino que también a compartir los resultados de su trabajo con la Congregación y con el público en general. Viajó a cada una de las provincias de habla inglesa para hablar acerca de Marguerite Bourgeoys, a quien podían admirar y amar, y en quien podían encontrar inspiración para los tiempos difíciles a los cuales se movía la Congregación. Siempre interesada en los jóvenes, disfrutó mucho trabajar con las novicias de las distintas provincias. Habló con grupos externos, en persona y a través de artículos escritos para los periódicos, y a través de la radio y de la televisión. Al mismo tiempo continuó enseñando, en Marianopolis, donde, con la expansión del colegio, llego a ser la primera jefa del Departamento de Inglés, y en el Thomas More Institute, donde encontró en sus colegas y alumnos adultos una incesante fuente de motivación.

Uno de los principales acontecimientos en este período de la vida de Eileen fue el papel que tuvo en la restauración de la luz del día, para la Congregación y para el mundo, del verdadero retrato de Marguerite Bourgeoys, pintado al momento de su muerte en 1700 por Pierre Leber. Eileen estuvo convencida durante mucho tiempo de que el retrato venerado en la Congregación como el retrato auténtico de Leber no lo era, ya que no estaba pintado con el estilo del período. En 1963, persuadió a la Madre Saint Marie-Consolatrice para que un experto examinara la obra, Edward O Korany, un artista-restaurador de Nueva York. Los resultados son muy conocidos – debajo de la imagen de Marguerite Bourgeoys, tan familiar para la Congregación durante siglo y medio, descansaba otra, que conmovió tanto al restaurador, que cuando la vio por primera vez expresó su reacción en una palabra, «¡Compasión!». Esta era la verdadera cualidad que Eileen misma estaba convencida que era la nota dominante en el carácter de Marguerite.

Los trastornos

Los finales de los años 60 fue un tiempo de grandes cambios, no solo en la Congregación sino también en el mundo educativo de Quebec. Eileen, graduada del primer colegio católico para mujeres de la provincia también estaba activa en la planificación de los cursos para el recién creado programa Cegep. Sus ideas reflejan su constante preocupación por el bienestar de los alumnos y su constante amor por Montreal: «Ansiedad y Esperanza», el curso de género, era ayudar a los estudiantes a comprender los problemas complejos de su propio tiempo y descubrir respuestas positivas para ellos, «La montaña y el río» era para mostrarles la literatura de su propia ciudad. (Estaba muy preocupada, por la manera en que a finales de los años 60, los desarrolladores destruían y alteraban Montreal a un paso sin precedente, «Pronto», escribió a M. Morin, «no veremos ni la montaña ni el río»).

Eileen siempre estuvo abierta a nuevas ideas y a nuevas maneras de actuar, aunque no seguía la moda más bien prestaba atención al consejo de San Pablo de probar todas las cosas y quedarse rápidamente con lo bueno. Ella fue una talentosa innovadora ya que poseía aquello que sin lo cual la innovación corría el peligro de convertirse en superficial, imprudente y destructiva: un meticuloso conocimiento básico en, y apreciación de, la tradición. Su franqueza se extendía no solamente a las nuevas ideas sino que también a las nuevas tecnologías. ¡Con qué gozo es que esta entusiasta lectora de los microfilms y de la máquina Xerox se hubiera acercado al procesador de palabras y al facsímil!

Por supuesto, durante esos años tuvo muchas penas y dificultades personales. El viaje a Europa lo puedo realizar en 1962 solamente porque su padre murió en el otoño de 1961, ella había escrito previamente al Sr. Morin que como hija única, no podía considerar viajar a Francia durante la enfermedad de su padre. Al igual que Marguerite, comprendía la consolación de estar cerca del padre amado durante su última enfermedad, pero su muerte le causó mucho dolor. También había experimentado los comienzos de la enfermedad que sería una creciente discapacidad en los últimos años de su vida, la sordera que la privaría primero de la música que tanto amaba, luego de la estimulante conversación que tanto disfrutaba y finalmente de todos los sonidos del mundo exterior.

Debido a que ya había visto los efectos de la enfermedad en su padre, no creaba ninguna ilusión de lo que le esperaba, pero después de unas cuantas lágrimas, no volvió a quejarse. Era característico en Eileen, aun cuando cualquier pequeñez podía irritarla inmensamente, no quejarse ante el verdadero gran sufrimiento al que se enfrentaría en los últimos años. Además de la gradual y creciente sordera, también fue hospitalizada durante varias semanas como resultado de un accidente con un bus y, luego, se sometió a una operación de cáncer y otra para la artritis.

En el siguiente pasaje escrito a principios de los años 70, Eileen reflexionaba acerca de su trabajo y de su tiempo:

¿Matará la revolución el recuerdo de Marguerite Bourgeoys, una memoria que tiene ahora trescientos años? Ella llegó a Montreal, a un establo abandonado, para enseñar a los jóvenes a cultivar – y ahora nadie cultiva. Nació en una ciudad con cientos de iglesias, construyó una iglesia de peregrinación en la ribera del río – y ahora casi nadie asiste a la iglesia y nadie hace peregrinaciones. Las peregrinaciones son para los marinos, que revolotean como los pájaros. En que palabra tan ambigua se ha convertido esta, como muchas otras. Las sucesoras de Marguerite – en un intento de relevancia – están tratando de enseñarle a «los pájaros». Yo soy una de ellas – miembro de ambos grupos. A primera vista, parece sencillo.
Ella no solamente hablaba del amor, vivía el amor. Dejó sus sábanas en una noche de invierno canadiense; vivió pobre entre los pobres, identificándose con ellos en sus problemas; nunca aceptó preferencias; tenía autoridad sin ser arrogante, ayudaba a las personas a obedecer a través del amor en lugar de la coacción; vio a Cristo en todas las personas, cediendo ante los explotadores para que regresaran al camino de la amistad. Lo resumió de la siguiente manera: «No es suficiente para Dios que vivamos en caridad con nuestro prójimo: debemos mantener a nuestro prójimo en la misma actitud de amor en su relación con nosotros». De manera que cada vez que un joven tira la puerta en frente de mí, me empuja haciéndome a un lado en las escaleras, me pisotea en su prisa hacia la cafetería para tomar ese descanso de diez minutos, trato de amar a estos pequeños rufianes a quienes la hermana Bourgeoys vino a enseñar – trato. ¿Pero, cómo los pongo en una actitud de amor hacia mí?

No sería apropiado hacer un retrato de Eileen sin mencionar el lado ameno de sus actividades en ese tiempo. Originalmente opuesto a la pérdida de costumbres, puso mucho interés en la adquisición y alteración de ropa que consideraba útil. La ropa casual no le atraía, la etimología de elegante, lo dijo, son «los guantes», muchos fueron los sombreros que trajo a casa para probar y guardar, o no.

Disfrutaba mucho de las tiras cómicas, especialmente «Peanuts» y, además de mantenerse al día con la teología y la literatura, pasaba muchas de sus horas de esparcimiento en la atenta lectura de las historias de misterio, las cuales prestaba generosamente a los que disfrutaban de su lectura. También adoraba a los niños y los libros infantiles y ocupaba su tiempo tejiendo a los niños suéteres con diseños complejos y divertidos, creando algunos diseños propios. Sobre todo, nunca le faltaba el sentido del humor y la ironía, nunca abandonó la autocrítica. Le gustaba mucho el siguiente poema de John Thomas Carlisle, el cual estaba copiado en sus papeles. El título es «Busybody»:

Él fue un hombre de oración
Negativamente hablando…
Frecuentemente se
tomó el tiempo
para regañar a
Dios

Pero ahora los años estaban llegando a su fin. Con el inminente retiro de Marianopolis de la calle Peel, en 1974 se fue a vivir a la Residencia MacGregor. Aunque ya no enseñaba en Marianopolis, siempre mantuvo sus contactos ahí y en Thomas More, y trató de dedicarse a escribir la vida de Marguerite Bourgeoys, algo en que había trabajado durante mucho tiempo. Se recuperó del primer leve derrame en mayo de 1979, pero como resultado de los siguientes derrames y del deterioro en su salud tuvo que moverse en 1981 a Villa Marguerite en Pierrefonds, poco después de la celebración de su jubileo de oro.

En Villa Marguerite, le organizaron sus archivos y le instalaron cerca una agradable oficina. Sin embargo, sus problemas de salud y por consiguiente la disminución de sus fuerzas limitaban más y más sus actividades. Fue solamente con muchas dificultades que pudo grabar una reflexión para acompañar el develado del retrato de Leber durante la celebración de la canonización de Marguerite Bourgeoys en 1982.

El último escrito sostenido muestra que aun en la enfermedad y en el aislamiento, resultado de su pérdida de fuerza, pudo expresar sus preocupaciones, las cuales se hicieron generales varios años después:

Señor Dios, mi Padre, gracias por esta hermosa tierra, que los hombres se han ingeniado en destruir y en convertirla en hostil y amenazante. Gracias por la gloria del rojo y por el profundo frescor del verde, por la calidez del café y la realeza del azul, por el brillo del oro y la plata, y por todos los metales que sostienen nuestras viviendas y nos ayudan en nuestro camino, algunas veces absurdos, y algunas veces también, destructivos. Ayúdanos a regresar a la cordura y a la moderación y danos la gracia de dejar a un lado nuestra usurpación en tu papel de creador.
Tenemos la gran necesidad de que una mano recreadora y un ojo inteligente y un corazón amoroso lleguen a todas tus criaturas, humanas y animales, que podamos una vez más experimentar una paz paradisíaca y la calma que fue nuestra antes de destrozarla con la Caída. Nuestra entrometida inserción en la función, que es solamente tuya, ha convertido el universo en un lugar de temor y estamos rodeados de la muerte de todo lo que tocamos. Ayúdanos a alcanzar una nueva realización de que todos somos tus niños, nosotros que hemos convertido el amor en odio y depredado todo lo que nos has dado generosamente, de manera que vemos la salvación muy lejana en tiempo y espacio, y nos motiva poco la belleza y la bondad que tu nos has ofrecido tan generosamente a través de cada momento en el tiempo y en la eternidad.
Aleluya y Amén.

En sus cursos de drama medieval, Eileen frecuentemente enseñaba Everyman (Todo el mundo), la obra más grande relacionada con la moralidad, dramatiza el despojarse de todo lo que nos ha sostenido en la vida a medida en que nos acercamos más y más a la muerte. «Kindred» ya se había ido – en un documento de la comunidad ella escribió la palabra «none» (ninguno) en lugar de la solicitud del nombre del familiar más cercano – muchos viejos amigos ya se han ido y estaba especialmente dolida por la muerte repentina de su querido amigo Eric O’Connor, S.J. del Thomas More Institute justamente antes de la navidad de 1980. Pero ahora viene el abandono de los sostenes interiores de fuerza, belleza e inteligencia – sólo la fe permanece.

Una de sus más queridas amigas de la Congregación que fue a visitar a Eileen solamente pudo pensar en las líneas de «Hound of Heaven» (El sabueso de los cielos): «Ah! Tienes Diseñador Infinito! -Qué? Ah! Tienes que carbonizar la madera, antes de poder dibujar con ella? » En Villa Marguerite, Eileen estaba cerca de sus más antiguas y queridas amigas, también cuidaban de ella con mucha ternura y devoción. Pero en los últimos años estuvo completamente sorda, su vista fallaba, ya no podía leer, rara vez hablaba y sufría otros dolores, que no podía expresar. Pero oraba. Probablemente recordaba las líneas que puso en labios de Marguerite en The Constant Heart (El Corazón Constante):

El tiempo del exilio es ahora…
Me encuentro sola con la profunda soledad del alma.
He cortado todas las ataduras que todavía me sostienen a ti…
En esta oscura noche inquieta
Solamente reconozco la luz de Nuestra Señora…
Mi Dios, mi roca sólida, mi torre alta
Sostenme en esta hora oscura
Donde no existe la luz…

Probablemente solamente podía emular el personaje de una historia hasídica, que le gustaba mucho «repetía una y otra vez las letras del alfabeto suplicando a Dios que las ordenara en una plegaria apropiada». Fue a la capilla hasta los últimos días, con ayuda, ahí se inclinaba en el altar y trataba de repetir la oración de Jesús. A finales del mes de octubre de 1987, contrajo neumonía, en esos días fue constantemente atendida por las personas que la amaban, las hermanas de la Congregación y Charlotte Tansey, su ex alumna, colega y fiel amiga. Murió tranquilamente la mañana del 10 de noviembre. Su funeral se llevó a cabo en la «nueva» Casa Madre, el antiguo Marguerite Bourgeoys College, el 12 de noviembre, treinta y siete años después de la Beatificación, para la cual había trabajado tanto para transformarla en belleza. Fue enterrada en un terreno de la Congregación, en el lado alto de la montaña, viendo hacia el río.

Un amor recíproco

Siempre que Mary Eileen Scott amaba, amaba con todo el corazón y su amor era generoso y grande. Amó a su familia y luego amó a sus amigos. Una vez que otorgaba su amistad, la daba de manera irrevocable: siempre buscó un amigo al momento de enfrentar algún problema y sus pequeños actos de consideración eran frecuentes. Existían aspectos de su carácter que algunas veces dificultaba vivir con ella, pero ninguno de ellos tenía que ver con mala intención o mezquindad de espíritu. Por el contrario eran involuntarios, y al percatarse no les prestaba atención o se reía de ellos.

Amaba enseñar y sus habilidades como maestra eran excepcionales. Durante los primeros encuentros con «Mother Saint Miriam» los estudiantes frecuentemente quedaban impresionados o por lo menos perplejos con ella. De manera que sus sentimientos iniciales siempre daban lugar a algo más – asombro, admiración, gratitud, respeto y generalmente, cariño.

Un estudiante escribió:

La hermana era única. Demandaba lo mejor de sí misma y de las personas que la rodeaban. Su incansable búsqueda de la verdad le daba un acercamiento realista y de ello el que ella fuera un maestro superior que dejaba un impacto perdurable en sus alumnos, y ciertamente, en todos aquellos que tuvieran el privilegio de conocerla… Nuestra venerada ex profesora será siempre recordada por sus enseñanzas, sus escritos, su permanente preocupación por los problemas de las personas y de la sociedad, y sobre todo por su profundo amor a Dios.

Otro escribió:

Los métodos de enseñanza únicos de Mother Saint Miriam despertaban mi continuo interés por el teatro, un interés constante a través de mi metamorfosis de actriz a productora de videos, de crítica ocasional a guionista novata de documentales. Desde ese entonces he estudiado muchas materias con muchos maestros, pero ninguno me ha movido tan lejos de una manera tan rápida. La hermana disipaba sin piedad los clichés y retaba los inestables marcos intelectuales.

El hecho de que esta cualidad de la hermana Scott como educadora tenía raíces profundas, se revela en un comentario de Helen Brophy:

Como estudiante, a Eileen . . . . le gustaba hacer preguntas y debatir teorías. A veces la hermana Saint Eliza, el Padre Pineault, la hermana Madeline of Sion, el Monseñor Bombrowski, el Doctor Atherton y aun la Madre Sainte Anne Marie, la animaban a expresarse y defender su opinión, mientras que nosotras, el resto de la clase, ¡esperábamos inmensamente agradecidas!

Aun cuando Eileen mantiene un lugar permanente en la memoria de sus alumnos, de la misma manera ella nunca se olvidó de ellos: ella se preocupó de ellos hasta el final. A principios de los años 80, le escribió a una joven colega de Marianopolis y del Thomas More Institute lamentándose de la cantidad de matrimonios fracasados que había entre sus ex alumnos y se preguntaba qué pudo haber hecho diferente para ayudarlos. Su atención, sin embargo, no estaba enfocada en el pasado inmutable, en lugar de eso se movía hacia lo que podía hacer por los estudiantes en el presente mientras les transmitía su entusiasmo relacionado con el artículo reciente en America que sugería soluciones creativas que podían intentarse. La carta también contenía la expresión de gran dolor al haber sido obligada, finalmente, a dejar de enseñar: «Renuncié como respeto profundo hacia los miembros del Thomas More Institute», escribió, «Ya no estoy segura de poder realizar un buen trabajo».

De su amor hacia Marguerite Bourgeoys, Eileen ha dejado una abundante demostración, aun sin haber producido la tan anticipada biografía. Helen Brophy, quien logró ver el interior de Eileen, cuando ambas eran jóvenes de veinte años, muestra cuanto amor tenía por ella sesenta años después:

Al igual que cualquier hombre o mujer talentosa, a Eileen le impacientaba la mediocridad, en trabajos hechos sin cuidado e imperfectos. Ella buscaba la perfección y esta era su fortaleza y su debilidad. Ayudó a tantas personas a alcanzar lo casi imposible, que las personas esperaban grandes cosas de ella. Los pudo haber complacido a ellos, ¡pero nunca quedó satisfecha con ella misma! Nunca pudo terminar su trabajo porque siempre lo podía mejorar. En cierto modo, nunca pudo comenzar su Libro. Siempre había algo nuevo que investigar, algo más que verificar. Mientras tanto, creció y floreció en su mente y en su corazón y en hermosas monografías, hasta que Dios le dijo «¡Basta! Deja que otros terminen esta tarea – ya le has entregado tu alma».

La compasión de Marguerite

Las hermosas monografías y disertaciones que Eileen ofreció a la Congregación incluyen:

  • Una Espiritualidad de Compasión
  • Madre Bourgeoys en la Pobreza
  • Madre Bourgeoys y algunas Nociones Contemporáneas de Obediencia
  • Más Acerca del Espíritu de la Madre Bourgeoys: la Dimensión Eclesial
  • Espíritu, Propósito y Algunos Carismas de la Madre Bourgeoys
  • La Personalidad Carismática de la hermana Bourgeoys
  • Compasión – Profetismo – Misión – Tres Conceptos Convergentes

Eileen fue una maestra y la enseñanza fue, para ella, como la Visitación que inspiró a Marguerite Bourgeoys, un misterio de comunicación entre las personas. Era sobre todo el hablar con sus hermanas cara-a-cara la manera de comunicar su visión de Marguerite Bourgeoys. No sería una exageración decir que la hermana Eileen Scott, a través de sus palabras, logró la misma hazaña como el experto que removió las capas de suciedad y pintura del retrato de Leber: ella restauró para nosotros la sabia y compasiva mirada de Marguerite Bourgeoys.

De la misma manera en que amó a Marguerite Bourgeoys, también amó a la Congregación de Marguerite. Eileen conocía bien a la Congregación, tanto en su pasado como en su presente: enseñó en cada una de las provincias de habla inglesa y también en el sector de habla francesa de la comunidad y mantuvo un interés vivo en el trabajo de la Congregación en las misiones en Japón y en Latino América. La última actividad que realizó en Marianopolis fue la organización de un bazar para ayudar a las misiones en Latino América. Dondequiera que iba, aprendía y hacía amistades con quienes luego mantenía contacto. El trabajo sobre Marguerite Bourgeoys lo hizo para la Congregación. Durante los últimos años de su vida estuvo profundamente afectada por la gran cantidad de partidas y la disminución en las vocaciones. En una de sus últimas conversaciones, expresó que esperaba haber hecho algo para aumentar el respeto hacia el aprendizaje, para la vida de la mente y para el valor de la buena enseñanza en la Congregación. Estaba muy agradecida durante su última enfermedad del amoroso cuidado que las hermanas le ofrecían.

Alguien objetó una vez acerca de una de las disertaciones de Eileen relacionadas con Marguerite Bourgeoys aduciendo que la disertadora no ejemplificada en sí misma un grado notable de la cualidad descrita. Si Eileen hubiera sabido de la queja, se hubiera sorprendido de la implicación de haber hecho dicha afirmación. Nadie ha estado más consciente de sus fallas que Eileen misma, y nadie más consciente del error advertido en el Congreso de la Congregación en 1988: las palabras no deben ser confundidas con la realidad. Una vez, que se percató que había molestado a otra hermana, rápidamente le envió una caricatura de «Peanuts» con el subtítulo, «¡Soy mejor en papel!» Y escribió este haiku:

Esto es irónico:
Cuando aquellos que hablan del amor
No pueden enseñarlo.

Probablemente, si le hubieran pedido que se comparará con Marguerite, hubiera dibujado una imagen de Los Escritos y hubiera dicho que ella se asemejaba a la fundadora solamente como un copo de nieve se asemeja a una estrella. Pero desde el comienzo hasta el final, su vida da testimonio del hecho que, al igual que Marguerite, a Eileen también le fue concedido un corazón constante. Al final de su autobiografía de 1931, Eileen escribió:

De cuántas maneras nuestra Santa Madre me ha cuidado durante los años antes y después de haber ingresado en la religión, solamente ella sabe. Aun las muchas pruebas visibles de su constante protección son demasiadas para encontrar un lugar aquí. Que Ella guíe mi corazón y mi mano en mi futuro trabajo en la educación de su amada Congregación.

La respuesta de Nuestra Señora a esa oración fue un regalo, no solamente para Eileen sino también para la Congrégation de Notre-Dame.


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